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Texto: Coral Gómez

En México, la interacción entre diferentes generaciones es cotidiana: un ejemplo es que el 55% de niñas y niños de madres que trabajan, son cuidados por sus abuelos[1].  Yo misma he sido parte de esta estadística; sin embargo, una cosa es el cuidado voluntario o medio forzado que puede habitar en esa relación y otra es poder generar vínculos intergeneracionales entre personas diversas, no solamente unidas por el parentesco, si no por otras experiencias. Esto sirve como una estrategia para disminuir desigualdades y violencias derivadas en la discriminación etaria.  Por lo tanto, enunciaremos dos proyectos sociales que promovieron o promueven estos vínculos, que para las infancias y vejeces, pueden tener un peso importante: acompañamiento, cariño, escucha, compartición de conocimientos y experiencias nuevas, y una apertura a la reflexión sobre la dignidad de la vida.

El proyecto GLIA,  realizado en la Ciudad de México, fue un impulso a fomentar estas redes entre generaciones en poblaciones “vulnerables”, y lo entrecomillo porque la sociedad ha puesto esta etiqueta; sin embargo, el proyecto va más allá de responder a esta lógica paternalista y buscó, exitosamente, que los propios actores (niñas y niños de casas hogar y adultos mayores de casas de día y asilo) se volvieran protagonistas y agentes de cambio en sus respectivas realidades. Juntos, con visitas semanales o quincenales, niñas, niños y adultos mayores edificaron amistad y una familia, y a través de talleres- sobre medio ambiente, salud física y emocional- construyeron solidaridad y afecto, ternura y conocimiento, sensibilidad y compañía. Abonaron sus relaciones con paciencia, así como se espera que florezca una planta y nazca un fruto. Este proyecto duró tres años, durante los cuales se demostró que la alianza entre generaciones conlleva a un mejoramiento social e individual e incide en un mejor ánimo.

Del otro lado del océano, hay otro proyecto que tiene bases similares: reunir jóvenes y adultos mayores en una misma casa, volviéndolos cohabitantes, lo que resulta otra manera de resolver algunos problemas existentes en las diversas realidades, para los adultos mayores, la soledad, y para los jóvenes, las altas rentas en algunas ciudades.

El Centro Residencial Humanitas en Deventer, Holanda, ofrece departamentos a estudiantes migrantes, por los cuales no tienen que pagar renta y reciben alimentos diarios a cambio de pasar tiempo con los adultos mayores de la residencia.  En palabras de algunos jóvenes que allí habitan, el beneficio de vivir en este asilo va más allá de no tener que pagar la renta: es una experiencia que les concientiza y vuelve compasivos y sensibles, mientras que a los abuelos y abuelas les regala atención, conocimiento de otras generaciones y contextos, propiciando diálogos[2].

¿Por qué hablar de vincular generaciones? ¿Acaso no ya hay demasiado contacto familiar entre diferentes edades? ¿Qué tiene ésto de importante? Pareciera que al mismo tiempo que entre diferentes familias se procuran estas conexiones, también se nos segrega por edades -y por género. ¿Sería importante fortalecer estos lazos más allá del parentesco? ¿Llevarlos a otros niveles, de escucha y amistad, de llevarlos de lo privado a lo público? ¿Qué pasa con las personas que no tienen familia?

Imagino sociedades donde masivamente se recuperen el intercambio de saberes entre diversidad de identidades (y por lo tanto edades), donde existan proyectos que promuevan y fortalezcan la solidaridad entre generaciones. Seguro ya han existido estas experiencias, solo que no las conocemos ¿Será que están detrás de estas calles transitadas, colonias hiper pobladas o barrios de lujo? Cotidianeidades que fomentan estos vínculos entre sus comunidades ¿Cómo serán estas sociedades? ¿Dónde están? ¿Qué otros ejemplos conoces?

[1] https://www.forbes.com.mx/los-abuelos-cuidan-a-55-de-los-ninos-de-madres-que-trabajan-inegi/

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-38368123

https://verne.elpais.com/verne/2016/11/30/mexico/1480474266_278568.html