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Texto: Coral Gómez

En este encierro voluntario, cada vez que salgo a dar una vuelta en mi bicicleta, volteo a ver a los edificios de departamentos y observo anonadada los balcones amplios con sus macetas: plantas de hojas verdes, plantas arom√°ticas y flores; estancias iluminadas sin cortinas que muestran a trav√©s de sus ventanas un peque√Īo bosque. Pienso en los jardines de mis abuelas, con sus √°rboles frutales y en el huerto de traspatio de Gabina. De sus jardines-huertos cortaban plantas para sazonar sus guisados, y hac√≠an remedios para el dolor en general. Crec√≠ con personas de plantas: mis abuelas, mis padres, mis t√≠as. Recuerdo que la primera vez que entr√© a la casa de mi t√≠a Playa, me maravill√© pensando que hab√≠a entrado a una selva.

En esta pandemia, las plantas figuran como seres que acompa√Īan y forman lazos de convivencia con quienes las cuidan. Mucha gente querida me ha compartido que cuidar de sus plantas ha sido una actividad primordial en esta cuarentena. Las plantas nos hacen sentir menos solas y nos brindan sentimientos que nos llenan de curiosidad, alegr√≠a, expectativa, paciencia, entre otros.

As√≠ como a otras especies animales, el ser humano ha domesticado a las plantas, la agricultura es el ejemplo m√°s grande. Si bien el sacar provecho para alimentarnos es la raz√≥n principal, nuestra relaci√≥n con las plantas va m√°s all√°: ox√≠geno, refugio, medicina, rituales, perfumes, papel, ropa, energ√≠a, calefacci√≥n, decoraci√≥n, bebidas‚Ķ ¬ŅSe imaginan? Comunidades humanas y no humanas se han vinculado hist√≥ricamente a las plantas de maneras diversas y profundas, por lo tanto, cuando hacemos una simple acci√≥n como cuidar de una planta, estamos fortaleciendo nuestros lazos entre especies.

Si bien, muchas personas en los epicentros urbanos no estamos tan vinculadas con las plantas -hablo de mi caso- cada vez m√°s nos vamos conectando a trav√©s de los recuerdos y cuidados que nuestras madres, padres o abuelos ten√≠an con ellas. El tiempo para atenderlas siempre es un pretexto, pero leyendo algunos art√≠culos sobre el tema, muchas personas en M√©xico, Argentina y Chile se han refugiado en sus plantas en esta pandemia, incluso las ventas de √©stas han incrementado o al menos, no han ca√≠do, a pesar de la econom√≠a a la baja. Aunque las plantas se han vuelto un negocio, tengo amigas que las recuperan de espacios p√ļblicos para sembrarlas en sus hogares.

Veo cuentas de twitter divulgando datos curiosos de diferentes especies de plantas; en facebook muchas personas las intercambian y hablan de ellas como otros hablan de sus gatos, o incluso de sus hijos.

Mientras, decidí plantar una hierba santa (piper auritum); la compré para la casa con la esperanza de que mi amiga la sembrara, pero pasaban los días y la planta seguía en la bolsa de plástico negra que la envolvía. Escogí el mejor espacio y hablé con ella, me sorprendió la naturalidad de la comunicación, sus hojas entre mis dedos, el olor que se le desprende cuando le lavo las hojas y la riego cuidadosamente. Los humanos somos seres curiosos y miedosos, pero funcionamos a base de estímulos: como me siento mucho mejor después de ver a la planta, parece que seguiré con la herencia de reforzar ese vínculo.